Se trata de encontrar «sentido» o satisfacción en la nueva etapa de la vida personal, familiar y empresarial.
Cuanto más nos acercamos a la tercera edad, más actualizamos el pasado. El retorno al origen nos conecta de un modo mágico con la necesidad de perpetuarnos y la necesidad de ‘curarnos’ de la vejez o del tiempo.
Algunos directores de empresas viven como en un eterno presente dentro del negocio. Allí encuentran pasión, acción y sentido a las horas, los días, los años y la vida misma. Sobre todo, después de treinta, cuarenta o más años en la empresa.,
Desde esta mirada es comprensible que un fundador se resista a dejar el ‘trono’ si no descubre un proyecto sustituto. Es decir, un futuro con significado. La planificación de la sucesión en la familia empresaria debe considerar un proyecto ‘del’ y ‘para’ el que va a ser sucedido. Esto es necesario para que el “sucedible” encuentre un valor vital al ceder su espacio de poder y de sentido, como es la empresa.
